CAPITULO 2
LA PERSONALIDAD DE LA RADIO
La naturaleza es sorda, desde el inicio de los tiempos miles de acontecimientos se tornaron sordos pues no existía quien los oyera, el sonido son solo vibraciones de aire, ondulaciones calladas que toman sentido y vida gracias al oído. Es el nuestro protagonista cuando de sonidos se habla, es quien hace todo el trabajo.
Adentrarnos en el oído es la mejor manera para entenderlo y maravillarnos con su perfecta composición.
Iniciamos con el tímpano, allí las ondas rebotan y lo hacen vibrar junto con sus tres acompañantes denominados martillo, yunque y estribo; quienes permiten que el oído soporte fuertes vibraciones sin sufrir daños. Ya en la profundidad del cráneo se encuentra el caracol del oído, allí sobresalen 25 mil peldaños que simulan una escalera en espiral; la endofila también se hace partícipe y con el papel más importante pues es este liquido quien estimula el sistema auditivo.
Este aparatito está dotado de gran sensibilidad, transforma los sonidos en sentimientos, es sinónimo de intimidad y calor. Es por esto que la radio cedió con gusto su lugar de espectáculo y reunión familiar a la televisión, en la radio resaltan el acompañamiento y los sentimientos que se transmiten al oyente.
Hablar de forma cálida y amena, variar las tonalidades, dejar atrás las palabras técnicas y confusas augura éxito en este medio. Crear sentimientos en el oyente, esa es la misión de la radio por esto se dice que “lo afectivo es lo efectivo”.
Y que mejor manera de conectar a un oyente que con alegría, sacándole una sonrisa que lo ayude a olvidarse por un momento de sus problemas y su rutina, que exista una relación intima entre oyente y locutor, que se cree un ambiente de confianza y amistad en donde se pueda hablar tanto de cocina como de política.
Cabe resaltar que alegría no es sinónimo de irrespeto ni falta de contenido, es transmitir esa buena energía pero que deje algo provechoso para el oyente, la radio debe estar a la altura del oído de quien la sintoniza.
“La radio es un medio eminentemente visual” McLuhan.
Esto es porque los humanos no tenemos dos ojos sino tres, el otro es el oído, o mejor expresado el oído permite que nuestra imaginación recree el paisaje. Los ojos de la cara pueden estar cerrados pero sin embargo el tercer ojo siempre está abierto a todo lo que escuche.
El tercer ojo no tiene límites, los ojos de la cara siempre están sujetos a la realidad; la imaginación siempre está dispuesta para nuevas experiencias, para recrear cosas fantásticas nunca antes vistas. Esto es precisamente lo que hace la radio, estimula nuestro oído para que nosotros recreemos todas las imágenes con nuestra imaginación.
Por eso para hacer ver a nuestra imaginación es necesario que todo lo que se hable en radio sea claro, muy explicito ya que si usted sabe de que le hablan de una vez lo recrea en su imaginación… incluso solo basta con poner el canto de los pájaros y esto indica que ya está amaneciendo.
Hacer ver a través del oído, ese es el singular desafío de un radialista, si el calor lo ponen los sentimientos entonces el color lo pondrá la imaginación, así son los buenos programas de radio, los realmente profesionales.
Hablar por radio es despertar nuevas ideas, estimular la criticidad, sentar juicios y sacudir prejuicios. El oído desarrolla el pensamiento propio. Todo esto se puede y debe hacer en nuestros espacios informativos y de debate, en las revistas, en toda la programación. El asunto es hacerlo con gracia.
Digamos que el carácter de un medio de comunicación depende del sentido al que se dirige, la personalidad de la radio no la establecen los radialistas si no el oído humano.
Hacer radio es seducir al oyente, ya sea con una noticia impactante o con muy buen humor, todos los formatos son validos el hecho es crear esa corriente afectiva entre el emisor y el receptor y viceversa. Se puede tener buena vos, tener la técnica adecuada, incluso haber estudiado los 5 años en la universidad. Pero si no siente algo por dentro, si no siente la magia de la radio, sino disfruta el programa, nunca llegara a ser un buen radialista. Será un trabajador de radio, pero no un comunicador ni una comunicadora, solo tendrá buena voz pero no comunicara.
Hacer radio es una pasión. Si usted hace radio porque le pagan buena plata, felicidades. Siga sacando al aire sus programas y procure que no lo descubran. De todos modos la gente sentirá la buena onda de la simpatía.
CAPITULO 3
lunes, 31 de mayo de 2010
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